CSW70: moción de no acción frena resolución de EE.UU. sobre “género” en medio de una disputa global y con fuerte incidencia sindical
Mar 19, 2026
La 70ª sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW70) estuvo marcada por un hecho inédito: una moción de no acción presentada por Bélgica bloqueó la votación de una resolución impulsada por Estados Unidos que buscaba redefinir el término “género” en el marco de Naciones Unidas.
La propuesta estadounidense, ingresada en la fase final del proceso y sin consultas previas, pretendía instalar una interpretación restrictiva del concepto basada en el Anexo IV de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing. La iniciativa generó un amplio rechazo entre los Estados miembros, no solo por su contenido, sino también por el procedimiento utilizado.
En nombre de la Unión Europea, Bélgica cuestionó duramente el texto, señalando que “es fácticamente incorrecto” y que “intenta reescribir lo acordado cuidadosamente hace más de 30 años”. Asimismo, advirtió que no era aceptable forzar decisiones sin negociación ni consulta, en un espacio cuya legitimidad descansa precisamente en el consenso.
Ante este escenario, Bélgica activó una moción de no acción —un recurso excepcional— para impedir que el proyecto fuera considerado. La iniciativa fue respaldada por países como Brasil, que subrayaron la ausencia de condiciones mínimas para una deliberación multilateral seria. La moción fue finalmente aprobada por 23 votos a favor, 3 en contra y 17 abstenciones, bloqueando completamente la resolución.
Estados Unidos criticó la decisión, acusando que se trata de un precedente que “erosiona los métodos de trabajo” del sistema multilateral. Sin embargo, para una mayoría de delegaciones, el problema no solo fue sustantivo, sino también procedimental: se trataba de impedir la instalación de nuevas definiciones sin negociación intergubernamental.
Incidencia sindical de la ISP
Más allá del episodio formal, el proceso estuvo atravesado por una intensa disputa política en la que el movimiento sindical internacional, particularmente la Internacional de Servicios Públicos (ISP), jugó un rol activo.
A través de la articulación de sus delegaciones -como parte de algunos gobiernos también-, participación en espacios paralelos y cabildeo directo con Estados miembros, la ISP contribuyó a sostener posiciones en defensa de los marcos internacionales de derechos humanos, incluyendo la Plataforma de Acción de Beijing. Esta incidencia fue importante para reforzar la postura de varios países que defendieron el lenguaje acordado y resistieron intentos de retroceso.
El trabajo coordinado entre sindicatos, sociedad civil y delegaciones afines permitió también posicionar temas estructurales en las conclusiones finales, como el acceso a la justicia en el mundo del trabajo, los sistemas de cuidado y el fortalecimiento de los servicios públicos, en un contexto de alta fragmentación política.
La disputa por el concepto de género
Las intervenciones de las delegaciones evidenciaron que la controversia va más allá de una definición semántica. Por un lado, un bloque de países —incluyendo Estados Unidos y otros países que expresaron reservas— insistió en limitar el concepto de género a una interpretación binaria basada en el sexo biológico, subordinando además los compromisos internacionales a marcos nacionales, culturales o religiosos.
Por otro lado, un amplio grupo de Estados defendió la integridad de los acuerdos internacionales existentes, advirtiendo que reabrir conceptos ya negociados pone en riesgo décadas de avances en derechos de las mujeres.
Al mismo tiempo, se configuró una tensión transversal en torno al multilateralismo, así mientras distintos países coincidieron en lamentar el quiebre del consenso —por primera vez en la historia de la CSW—, las razones de fondo divergieron profundamente. Para algunos, el problema fue la inclusión de ciertos conceptos; para otros, el intento de restringirlos.
En este contexto, la moción de no acción no solo bloqueó una resolución, sino que marcó un punto de inflexión en la dinámica de la Comisión: ya no se disputa únicamente el contenido de los acuerdos, sino también las reglas bajo las cuales estos se construyen.
La CSW70 cierra así dejando en evidencia una reconfiguración del debate global sobre igualdad de género, en la que actores estatales y no estatales —incluido el movimiento sindical— están desempeñando un papel cada vez más decisivo.